Un perro no es un juguete.

Una hermosa cajita con agujeritos a los costados, un pequeño quejido canino que se escucha al tocarla, y el regalo más esperado por tus hijos, un hermoso cachorro, está en sus manos.

Quizás antes de comprar o rescatar el cachorrito ya habías conversado con tus pequeños cómo debía ser tratado el nuevo integrante de la familia, pero si ese no es el caso, es el momento en el que deberás conversar con ellos acerca de lo importante que es tener en la casa, un ser vivo.

La descripción de cómo llega el cachorro (o el perro adulto) a tu casa no fue casual, es justamente lo que deberías tratar de no hacer. Si les damos a nuestros hijos un paquete para abrir, al igual que cuando reciben juguetes o peluches, desde el inicio les estamos comunicando que la mascota es un juguete, que pueden tratar como tal.

Lo más apropiado sería que ellos fueran parte de la inserción del perro a la casa, de ir a buscarlo adonde esté y ver que antes de llegar estaba en otro lugar “viviendo”, internalizando ese concepto, de “ser vivo” en su educación.

Siempre tené presente, que, como padre, sos el ejemplo a seguir por tus hijos, por lo que la manera en que trates al cachorro, será determinante a la hora de que ellos interactúen con la mascota.

Si podés considerarlo en tus planes, adoptá un perrito abandonado, eso les enseñará a respetar la vida brindando una oportunidad además de quitar el concepto de “comprar un ser vivo”, con sentimientos y necesidades.

Como parte de la familia, ellos deben estar también implicados en el cuidado de la mascota, incorporando el concepto de responsabilidad, tanto para ese ser vivo que ahora depende de sus cuidados, como para sí mismos.

Concientiza a los chicos que el maltrato y el abandono son letales para las mascotas, por lo que no hay excusas para no cuidarlos, ni dejar para otro momento darles de comer, atender sus enfermedades y sacarlos a pasear. Además si incorporan el cuidado a los animales en su vida, no ejecutará acciones o conductas inapropiadas para con ellos, teniendo también sensibilidad respecto a este tema.

La realidad es que, somos los mayores los que determinamos en mayor grado la posterior conducta de nuestros hijos, por lo que un ejemplo buen dado será la mejor educación que podemos brindarles.

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